Macarena Silva: «Aysén tiene un patrimonio natural y cultural único y un turismo que crece con fuerza»


La coordinadora de proyectos de Pulso Austral, Macarena Silva, conversó con la Red Nacional de Territorios Creativos a propósito del desarrollo del ecosistema creativo de Aysén.

¿Cómo es el ecosistema creativo en Coyhaique? Y ¿en la región de Aysén?

Hasta donde hemos podido apreciar, el ecosistema creativo de Aysén es bastante diverso en cuanto a disciplinas. Podemos encontrar creativos de las artes visuales y escénicas, la artesanía y los oficios, la gastronomía, los nuevos medios, el diseño, la arquitectura, la literatura y el mundo editorial, la música, la comunicación audiovisual y la gestión cultural. A esto se suma un sector creciente de emprendimientos turísticos que integran la identidad cultural y el patrimonio en sus experiencias, lo que en la región está abriendo un cruce muy interesante entre creatividad, naturaleza y turismo.

En cuanto a su número y distribución, aún no existe un mapeo acabado de los creativos a nivel regional, una brecha que ha identificado el propio Ministerio de las Culturas. Como Pulso Austral hemos realizado mapeos parciales en el marco de proyectos CORFO. En ellos hemos identificado a más de 150 creativos de las disciplinas mencionadas, con presencia en todas las comunas de la región. Además, en un estudio específico sobre artesanía levantamos 33 asociaciones artesanales activas en cuatro comunas. Esto en ningún caso es un registro acabado y en ese aspecto hay mucho por hacer. Aun así, esta información nos indica que existe una marcada concentración de creativos en Coyhaique, lo que es coherente con que la comuna reúna al 57% de la población regional según el Censo 2024. Sin embargo, cabe destacar que la artesanía y los oficios están presentes en todas las localidades de la región, por más rurales y aisladas que sean. En muchos de esos lugares el oficio es la principal expresión creativa y también una forma de sostener la memoria y la identidad del territorio. El registro de Puntos de Cultura Comunitaria del Ministerio muestra algo similar: sus 24 organizaciones inscritas en Aysén se distribuyen desde Raúl Marín Balmaceda hasta Villa O’Higgins, e incluyen localidades como Puerto Tranquilo, Bahía Murta, Chile Chico o Guaitecas.

Respecto de su cohesión, el ecosistema tiene una base comunitaria fuerte pero una articulación todavía fragmentada. No existe aún una gobernanza regional en torno a la actividad creativa que reúna a creativos, representantes del mundo público y privado, instituciones de educación superior y sociedad civil. Lo que sí existe son redes por disciplina con actores muy comprometidos. Un ejemplo es la Asociación Gremial de Artesanos de Aysén. Otro es la Red de Artistas Visuales de Aysén (RAVA), que nació en 2020 durante la pandemia y hoy desarrolla proyectos de arte relacional en plazas, ferias y centros comunitarios. También está la red de organizaciones culturales vinculadas al programa PAOCC. En el mundo editorial, una coordinación de editoriales y librerías ha comenzado a trabajar con ProChile para proyectar su trabajo fuera de la región. Y en el turismo acaba de nacer la Red de Emprendedores de Turismo Intercultural de la Región de Aysén, que reúne a más de 50 emprendimientos de siete comunas, impulsada por la Universidad Austral de Chile con apoyo de CORFO. Estas redes son valiosas, pero funcionan en paralelo y con pocos espacios de encuentro entre sí. El desafío hoy es tender puentes entre disciplinas, comunas y sectores para que el ecosistema creativo pueda pensarse, planificarse y hacerse escuchar como un todo.

Desde su experiencia, ¿cómo conversa el ecosistema creativo con el sector público en Coyhaique?, cómo lo hace con el sector privado?

Con el sector público la conversación existe, es constante y se ha ido fortaleciendo en los últimos años. La Seremi de las Culturas, el Gobierno Regional, la Corporación Cultural Municipal de Coyhaique y servicios de fomento como CORFO, SERCOTEC, SERNATUR o ProChile son hoy los principales interlocutores de quienes crean y emprenden desde la cultura en la región. Sin embargo, es una relación que todavía se construye sobre todo de proyecto en proyecto, a través de fondos concursables, convenios puntuales y programas con plazos acotados, más que desde una política sostenida en el tiempo.

Hay experiencias que muestran lo que se puede lograr cuando esa colaboración se concreta. Durante la pandemia, por ejemplo, la Seremi de las Culturas y el Centro Cultural de Coyhaique firmaron un convenio que destinó 45 millones de pesos a producir y difundir obras de artistas regionales en formato audiovisual, en un momento en que el sector había quedado prácticamente sin ingresos. Más recientemente, la Seremi y la Red de Artistas Visuales de Aysén convocaron una jornada comunitaria para pensar el futuro de la región desde las artes, lo que muestra que existe voluntad de abrir espacios de diálogo más allá del financiamiento. También en el ámbito del fomento productivo han surgido iniciativas relevantes: ProChile Aysén comenzó a trabajar con editoriales, librerías, compañías de teatro, músicos y joyeros para proyectar su trabajo fuera de la región, y la propia Escuela de Resiliencia Creativa existe gracias al apoyo de CORFO y a la participación del Ministerio del Medio Ambiente, SERNATUR, SERCOTEC y el CIEP.

Aun así, las brechas son evidentes y los propios creadores las han nombrado. El Plan Municipal de Cultura de Coyhaique 2023-2027 recoge la percepción de poco apoyo de las autoridades y falta de transversalidad en el trabajo institucional, un financiamiento muy acotado, la falta de espacios adecuados para el desarrollo artístico y la ausencia de un registro común de los agentes culturales de la comuna. Al mismo tiempo, destaca algo que nosotras también vemos a diario: una alta solidaridad entre artistas, que muchas veces suple lo que la institucionalidad todavía no alcanza a cubrir.

Con el sector privado el diálogo es mucho más incipiente. Las alianzas público-privadas que hoy se discuten en la región, como las mesas entre autoridades y cámaras de comercio o la propuesta de una ‘Ley Aysén’ impulsada por la Cámara Chilena de la Construcción e IDEAysén, están pensadas para las pymes en general y todavía no reconocen a la economía creativa como un sector con necesidades propias. El mismo ProChile ha descrito a la industria creativa regional como compleja, dispersa y poco formalizada, y esa dispersión hace más difícil que las empresas la identifiquen como un aliado posible. No existe aún en Aysén una cultura de inversión o patrocinio sostenido hacia la creación local.

Ahí vemos una de las grandes oportunidades del proyecto de fortalecimiento de gobernanzas territoriales: construir espacios estables donde creadores, instituciones públicas y empresas se reconozcan como parte de una misma economía y puedan planificar juntos, en lugar de encontrarse solo cuando se abre un fondo.

¿Qué desafíos y oportunidades han encontrado para el desarrollo de la economía creativa en el territorio?

El primer desafío es territorial. Aysén es una región extensa y con comunidades muy distantes entre sí, donde moverse de una localidad a otra puede tomar horas o días y tiene un costo alto. Eso dificulta que los creativos se encuentren, colaboren, circulen su trabajo y accedan a formación. A esto se suma una realidad demográfica que no podemos ignorar: según el Censo 2024, Aysén fue la única región del país que perdió población y es además una región que envejece. Sostener la creación y retener el talento joven en ese contexto es un desafío enorme.

El segundo desafío tiene que ver con la formalización y el financiamiento. Muchos creativos trabajan de manera independiente, con actividades que combinan con otros oficios y sin inicio de actividades, lo que les cierra la puerta a muchos instrumentos de fomento. El propio ProChile ha descrito a la industria creativa regional como compleja, dispersa y todavía poco formalizada. Al mismo tiempo, el financiamiento depende casi por completo de fondos públicos concursables, que son necesarios pero no permiten planificar a largo plazo. Hacen falta además espacios adecuados, formación técnica y formación de audiencias, brechas que los propios artistas de Coyhaique identificaron en el Plan Municipal de Cultura.

El tercer desafío es la crisis climática, que en Aysén ya no es una proyección sino una experiencia cotidiana. Cambios en las precipitaciones, incendios, sequías y eventos extremos afectan directamente al turismo, a la producción de materias primas para los oficios y a la vida de las comunidades rurales. Por eso creemos que la economía creativa de la región tiene que pensarse también desde la adaptación y la resiliencia.

Las oportunidades, sin embargo, son enormes. Aysén tiene un patrimonio natural y cultural único y un turismo que crece con fuerza. En la última temporada alta la región recibió cerca de 230 mil visitantes, con un crecimiento del 7% en llegadas cuando el promedio nacional cayó, y con las tasas de ocupación hotelera más altas del país. Ese flujo de visitantes busca cada vez más experiencias con identidad, y ahí la artesanía, la gastronomía, la música, las artes escénicas y el turismo cultural tienen mucho que aportar. Además, la región necesita romper la estacionalidad del turismo, y la programación cultural y creativa puede ser clave para atraer visitantes durante todo el año. También vemos oportunidades en el creciente interés institucional por el sector: ProChile está trabajando la internacionalización de editoriales, músicos, compañías de teatro y joyeros, la región cuenta con una nueva Estrategia Quinquenal Regional de Cultura 2024-2029 y están surgiendo redes nuevas, como la Red de Emprendedores de Turismo Intercultural. Por último, la experiencia de otros territorios nos muestra que es posible avanzar. En Magallanes, un programa de CORFO iniciado en 2024 derivó este año en la creación de una corporación regional de creadores con once socios fundadores y en su incorporación a la Red Nacional de Territorios Creativos. Aysén puede recorrer un camino similar.

Finalmente, ¿cómo ha sido su participación en este proyecto de fortalecimiento de gobernanzas territoriales? o ¿Cómo creen ustedes que aportará al territorio?

Para nosotras ha sido una oportunidad muy significativa, porque conecta con el trabajo que venimos haciendo hace años en el territorio: los mapeos de creativos y artesanos, la articulación con organizaciones comunitarias y, más recientemente, la Escuela de Resiliencia Creativa, que reunió a más de 30 emprendedores y emprendedoras de las industrias creativas y el turismo de distintas comunas de la región.

Durante estos meses trabajamos junto a nuestra mentora Maritza Diéguez en un proceso de análisis del contexto y búsqueda de posibilidades de vinculación territorial. En su visita en terreno, nos reunimos con SERNATUR, ProChile, la Seremi de las Culturas y el Museo Regional de Aysén. En todas estas instancias el objetivo fue dar a conocer la Red Nacional de Territorios Creativos y el proyecto, y explorar el interés de estas instituciones en sumarse a una futura gobernanza creativa para la región. La recepción fue, en general, positiva, aunque se pudo vislumbrar que aún hay mucho por hacer en cuanto a posicionar a las economías creativas como un sector productivo relevante y que contribuye de forma concreta a la economía regional. 

Dada la falta de una gobernanza en el territorio, probablemente una de las mayores contribuciones del proyecto fue poder identificar los desafíos urgentes en torno a una futura gobernanza como es el mapeo de actores del territorio, así como también la definición de un propósito común. En este sentido, el trabajo que pudimos desarrollar con Teresa y Maritza en terreno con un grupo de emprendedores creativos y del turismo fue muy significativo para poder validar el propósito que configuramos en conjunto con Maritza, a saber, la creación de una instancia de gobernanza territorial que diseñe, valide y posicione propuestas de turismo creativo con identidad regional, facilitando mayores condiciones de sostenibilidad para quienes crean y habitan el territorio. Este propósito inicial fue socializado y refrendado por ellos y quedó establecido el compromiso de la realización de una primera reunión en noviembre de 2026, para definir los siguientes pasos. Para nosotras eso tiene mucho valor, porque significa que la hoja de ruta de la futura gobernanza no se definió desde afuera, sino que fue construida y validada por quienes crean y emprenden en el territorio.

Creemos que el principal aporte de este proyecto será instalar algo que hoy no existe en Aysén: un espacio estable de encuentro y decisión donde creativos, instituciones públicas, sector privado, academia y sociedad civil puedan mirar juntos el desarrollo de la economía creativa. Hoy las redes funcionan por disciplina y los vínculos con la institucionalidad se construyen proyecto a proyecto. Una gobernanza territorial permite pasar de esa lógica fragmentada a una visión compartida de largo plazo, con prioridades comunes y una voz colectiva para dialogar con el Estado y con las empresas. También ha implicado la incorporación de Aysén a la Red Nacional de Territorios Creativos, una paso hacia delante que nos conecta con otros territorios y con oportunidades de circulación, formación y financiamiento a escala nacional. Pero sobre todo creemos que este proceso aportará a que la región se reconozca a sí misma como un territorio creativo, algo que en la práctica ya es.

[Fotografía superior: Equipo Pulso Austral]


Este territorio creativo participa del proyecto Fortalecer para Sostener: Gobernanzas para la Sostenibilidad Territorial, que cuenta con financiamiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través del Concurso Economía Creativa 2025.

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